martes, 7 de febrero de 2017

Somos lo que pensamos

La palabra es capaz de aplacar el miedo, de disolver la tristeza, de exaltar la alegría, de mover a la compasión. Gorgias.

Las palabras no solo tienen el poder de significar, de dar sentido a la comunicación, sino de despertar actitudes en los seres humanos. Las palabras afectan directamente nuestra vida. El teólogo Jacinto Núñez Regodón dice: “Hablar es rabiosamente humano”. Poniendo énfasis en el poder persuasivo, conmovedor y humanizador de la palabra.

Somos lo que pensamos
Muchos psicólogos afirman: “Somos lo que pensamos”. Javier Akerman es uno de ellos. Él dice: “El cuerpo es la expresión de la totalidad del pensamiento que tiene usted de sí mismo”. Por ello nuestro cuerpo reacciona de acuerdo al lenguaje que le comunicamos. Muchas de las enfermedades fisiológicas y mentales tienen que ver con el tipo de comunicación que tenemos con nosotros mismos. La mayoría de las personas son victimarias de sí mismas. El lenguaje que usan consigo mismas es destructivo y limitante.

María Rosa Fernández Oñate atribuye a la mente un enorme poder. La considera como un iceberg que consta de dos partes, la consciente y la inconsciente: “la mente consciente, que equivale a la parte emergida del iceberg, nos ayuda a tomar decisiones y nos presta asistencia en situaciones nuevas. La mente subconsciente, que representa la parte sumergida del iceberg, se encarga de la repetición de los comportamientos aprehendidos”.

Por ello, la clave para tener una buena salud mental está en la forma cómo pensamos. Si lo hacemos correctamente, tendremos buenos resultados y una vida fenomenal. Si pensamos negativamente nos convertiremos en seres lánguidos, marchitos y mustios. Cuando llenamos nuestra mente de pensamientos incorrectos e irracionales nos convertimos en personas tóxicas, ensimismadas y extrañas de sí mismas. Podríamos decir: Dime lo que piensas y te diré quién eres.

El dialogo interno
Muchas veces nos quedamos con las peores situaciones que hemos vivido. Seleccionamos exactamente aquellos eventos del día que nos han hecho daño. Los proyectamos una y otra vez en nuestra mente, hasta el cansancio. El resultado es catastrófico. Con esta actitud nos estamos diciendo que todo es negativo. Que no hay otra cosa en nuestra vida que el fracaso, el dolor y la infelicidad.

Se trata del diálogo interno. Hablamos con nosotros mismos usando el lenguaje negativo en un diálogo interior, circular y nefasto que nos encierra en el fracaso y la mediocridad. Nuestro cuerpo recibe un lenguaje negativo que nos paraliza, y muchas veces, es el caldo de cultivo de muchas enfermedades fisiológicas y traumas psicológicos. Sobre ello, Rafael Santandreu dice: “Las palabras pueden convertirse en auténticas medicinas para el espíritu o veneno. El lenguaje no es inocente; puede integrar o excluir, acariciar o insultar, unir o separar, exaltar o denigrar”. 

El lenguaje emocionalmente correcto

Por ello es mejor hacer una selección de eventos positivos y constructivos de nuestro día a día, que nos ayuden a mirar la vida con alegría y optimismo. Hay que pensar positivamente.  Tenemos que extraer lo bello, lo bueno, lo verdadero. Sólo así podremos decir a nuestro cuerpo un lenguaje emocionalmente correcto que nos permita encontrar la felicidad. No lo olvidemos nunca: “Somos lo que pensamos”.